. Lagunas de Velilla: naturaleza muerta por abandono institucional

Lagunas de Velilla: naturaleza muerta por abandono institucional

A veces la belleza de una fotografía esconde un drama que la imagen no puede transmitir. Este es el caso de los humedales de Velilla. Muchos visitantes de nuestras lagunas se han dado cuenta de que desde hace algunos años han desaparecido las aves acuáticas que en gran número poblaban estos humedales, especialmente el principal del Picón de los Conejos. Este fenómeno se hace muy evidente en invierno, cuando varias clases de estas especies (porrones, patos cuchara, espátulas, ánades, garzas…) usaban nuestros humedales como lugar de parada, incluso de cría. Cualquiera que se asome este invierno a las lagunas comprobará que salvo algunos cormoranes (pocos) es casi imposible ver aves acuáticas, y que las pocas que se posan sobre estas láminas de agua desaparecen en breve tiempo. Nuestras lagunas no parecen del gusto de las aves, algo está ocurriendo, y cada año empeora la situación. Y con ellas también han casi desaparecido los amantes de las aves que no hace tantos años visitaban estas lagunas para censar y hacer observaciones. Velilla ha dejado de ser un lugar de referencia para los aficionados a la ornitología.

Mortandad-Picon-sep-2006

Año 2006. Primera mortandad de peces en el Picón de los Conejos. La cantidad de ejemplares y el mal olor aconsejó la intervención de un equipo contratado por la Consejería de Medio Ambiente para retirar los peces.

La explicación de este silencioso desastre probablemente está en la pérdida de calidad del agua de las lagunas, que a su vez reduce la cantidad de alimento disponible para las aves. Y cada año empeora. Para encontrar la primera evidencia de que algo pasaba hay que remontarse a 2006, cuando se produjo la primera mortandad “espontánea” de peces en el Picón de los Conejos. Después ha habido varias más, en verano y en invierno, en el Picón de los Conejos y también en el humedal de Miralrío y en la laguna municipal (la última de ellas en diciembre de 2017). El agua sencillamente se está degradando (eutrofización) como consecuencia de la acumulación de materia orgánica, y la generación de algas que consumen el oxígeno disuelto. El resultado es que el agua se “pudre”, que mueren los invertebrados de los que se alimentan muchas aves y peces, y que la vida silvestre desaparece o rehuye estos ecosistemas. Las lagunas quedan bien para la fotografía pero algunas de ellas carecen prácticamente de vida en su interior.

No todas las lagunas evolucionan a la misma velocidad, depende de la profundidad, la exposición a alguna fuente de contaminación difusa (por purines, fitosanitarios, por tierras que llevan décadas contaminadas, etc.). Algunas ni siquiera muestran todavía signos de degradación, aunque es evidente que seguirán el mismo proceso tarde o temprano, depende de la masa de agua que albergan. Puede que esta degradación sea más acusada en aquellas lagunas que tienen cerca focos de contaminación por materia orgánica, esto explicaría el llamativo color verde que ofrece la laguna de El Soto, situada en el extremo norte, con varias vaquerías en sus inmediaciones (se puede comprobar en cualquier fotografía aérea), otras tienen una escasa profundidad (unos 4 m. en el Picón de los Conejos, y aun menos en Miralrío), todas ellas tienen una gran masa de vegetación de ribera que acaba en el agua y acelera el proceso. En algún caso soportan, periódica e impúnemente, vertidos orgánicos como la del Raso.

Laguna Miralrio

Aspecto habitual de la laguna de Miralrío, el color marrón del agua indica una degradación acusada del agua.

En todas ellas la causa principal es la eutrofización, la falta de oxígeno disuelto que provoca la muerte de peces e invertebrados, la generación de algas que enturbia el agua e impide la penetración de la luz (además de las especies exóticas o alóctonas de peces que remueven los fondos, como el pez gato o la carpa). En cualquier caso el escenario que se viene acelerando es bien previsible: ausencia de vida acuática, malos olores, mortandades periódicas de peces, etc.

Mientras tanto las administraciones que deberían velar por la conservación prefieren mirar para otro lado, o se limitan a enviar al equipo que debe retirar los peces muertos. No habrá recuperación de estos ecosistemas hasta que los gestores tengan entre sus prioridades el cuidado del medio natural, y no se interesarán por estos espacios mientras crean que se trata de asuntos que carecen de interés para los vecinos-electores. Eso en el mejor de los casos, por que existe el riesgo real de que algunos políticos consigan finalmente “poner en valor” alguna laguna (según la terminología neoliberal) para convertirla en el escenario de algún negocio de uso intensivo y rápido agotamiento de sus posibilidades de regeneración.

La Consejería de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Velilla llevan años de espaldas a esta riqueza. Prefieren usar la imagen de su falsa apariencia para vender una pose de interés por el medio ambiente que es un fraude a los ciudadanos. El mejor ejemplo es la retirada de la policía municipal de cualquier escenario ajeno al casco urbano, es como si las competencias municipales acabaran en la última calle de la localidad. El propio presupuesto municipal destinado al medio natural que tanto valoran vecinos y visitantes es de auténtica vergüenza: 7.900 euros en 2015, para un presupuesto de 9.621.108,43 euros.

Este es el estado de cada una de las lagunas y las posibles intervenciones para invertir el actual proceso de degradación:

Humedal del Raso:

Vertidos Raso 2013

En la fotografía, el momento en el que se produce una de los vertidos lácteos a la laguna del Raso desde el colector “fantasma”.

Como todas las demás, la laguna se formó por la extracción de áridos que se llevó a cabo a comienzos de los años 90. Es la única laguna de propiedad municipal. Principal escenario de botellón, y la de mayor uso intensivo. En el Parque Regional del Sureste está zonificada como “Zona C – Áreas degradadas a regenerar“. Tiene una superficie de 9 Has. y una profundidad de alrededor de 9 m. En los primeros años de su formación llegó a tener censadas 79 especies de aves acuáticas, algunas de ellas tan raras y especiales como el avetorillo. Gran parte de esta riqueza se ha perdido y hoy sólo es posible observar algunos cormoranes y algunas gaviotas. También llegó a albergar una cierta población de boga de río, un pez autóctono del Jarama prácticamente desaparecido. Hoy resisten algunos barbos en sus aguas, pero el resto de las especies son introducidas. Es la única laguna de Velilla de San Antonio donde está permitida la pesca.

Desde hace cerca de una década recibe vertidos orgánicos de origen lácteo, pero las diferentes administraciones dicen no saber su origen, y siguen permitiendo que esos vertidos se sigan produciendo unas dos veces al mes. Su degradación es lenta por la profundidad y por que tiene un flujo natural de agua (además del desagüe del caz de riego) que facilita una cierta renovación. Este flujo desagua a su vez en el río Jarama. La baja calidad del agua tiene que ver con el exceso de materia orgánica, en este caso agravada por los vertidos del colector, la mejor evidencia es el alto consumo de oxígeno que se produce.

Una de las últimas barbaridades ambientales ha sido la introducción de siluros en la laguna municipal. El resultado es que han acabado prácticamente con la vida acuática. Ni siquiera tuvieron tiempo para morir por falta de presas, una caída en el oxígeno disuelto en el agua es probablemente la causa de la muerte, en enero de 2016, de la población de medio centenar de estos depredadores (de entre 25 y 50 Kg. de peso).

En enero de 2016 se produjo la última mortandad de peces (…hasta ahora) “coincidiendo” con el enésimo vertido de materia orgánica. Entre los peces muertos aparecieron varios siluros de un tamaño notable (cerca de metro y medio), un pez exótico invasor que puede acabar consumiendo toda la fauna ictícola, otro ejemplo de la peligrosa combinación de gestores públicos irresponsables y algunos pescadores tan faltos de escrúpulos como ignorantes.

La propiedad municipal y la afluencia de visitantes que utilizan esta laguna, provoca al parecer un interés creciente por parte de diversos grupos municipales, no tanto para frenar su degradación, si no para introducir actividades recreativas de uso intensivo, cuyas consecuencias aun podrían agravar su estado actual. No hay interés por encontrar solución a los vertidos a pesar de las numerosas denuncias presentadas, ni por establecer una vigilancia elemental. La laguna necesita sellar el colector desde el que se producen los vertidos, requiere de un plan de vigilancia municipal (compartido con las cercanas lagunas del Picón de los Conejos y El Soto) de un aprovechamiento sostenido en actividades de educación ambiental (sólo se defiende lo que se conoce), utilizar su flujo de agua para crear un elemental circuito de renovación de agua por el resto de las lagunas, o colocar (y retirar periódicamente) algunos contenedores de basura en su periferia.

El Picón de los Conejos

garcetas Picon

Todavía en diciembre de 2010 era posible ver estas concentraciones de garcillas en el Picón de los Conejos.

Se trata del principal humedal de la zona, tiene una superficie de unas 26 Has. y una profundidad escasa, de unos 4 m. A finales de los años 90 la empresa que explotaba la gravera (Pioneer Concrete Hispania S.A.) llevó a cabo un proyecto de restauración para crear refugios para las aves acuáticas (playas, observatorio de aves, islas, etc.). En el Parque Regional del Sureste también está zonificada como “Zona C – Áreas degradadas a regenerar“. Forma parte de los humedales protegidos por la Comunidad de Madrid (Catálogo Regional de Zonas Húmedas Protegidas). Es el principal escenario de la pesca furtiva (fácil de detectar por el rastro de residuos que se abandonan en las riberas), o de la caza con perro, igualmente ilegal. A su alrededor hay sendas muy utilizadas por paseantes y ciclistas que aun consideran este escenario un lugar singular por la concentración de paisajes y ecosistemas de interés (el cercano río  Jarama, los cantiles del Piúl y un bosque de ribera muy bien conservado).

Su principal valor añadido era la riqueza ornitológica que albergaba hasta hace pocos años. Hasta entonces en sus láminas de agua era posible encontrar en invierno un gran número de aves acuáticas, entre ellas el esquivo calamón, ánades, garza imperial, patos cuchara, espátulas, zampullines, agachadizas, etc. Por este motivo era un lugar muy conocido entre aficionados de la Comunidad de Madrid que visitaban sus riberas cargados con sus visores y cámaras. Hoy la mayoría de esos visitantes han desaparecido junto con la mayor parte de las aves acuáticas.

En sus inmediaciones también hay claras evidencias de la presencia de mamíferos, la mayoría de los cuales han adoptado hábitos nocturnos para evitar las molestias de paseantes y ciclistas. Hay nutria, zorro, gineta, jabalí (sobre todo en primavera-verano), incluso no pocos mapaches, una especie invasora.

Las primeras evidencias de que algo ocurría en este humedal datan de 2006, cuando se produjo la primera mortandad de peces, desde entonces se han sucedido varios episodios similares. En la actualidad, el agua tiene un permanente tinte marrón, especialmente en la laguna del Norte, con claras muestras de exceso de materia orgánica y nutrientes (que desarrolla fitoplancton, que a su vez consume el oxígeno disuelto, que a su vez elimina gran parte de la vida acuática…). Es evidente que la tendencia es a aumentar los efectos de este proceso.

La alternativa a este estado de degradación no puede ser otra que la de facilitar la renovación de la masa de agua desde alguna fuente cercana, bien desde la laguna del Raso o, aun mejor, desde el cercano río Jarama mediante la construcción de un circuito desde un pozo artesiano localizado aguas arriba, en la ribera del Jarama, con conducción a la laguna de El Soto-Picón de los Conejos y desagüe en el río Jarama. Lógicamente cualquier solución debe basarse en un estudio técnico solvente que garantice caudales, niveles, evite el cegamiento de conducciones y minimice el empleo de maquinaria pesada. Sólo desde esa recuperación de la calidad del agua se pueden abordar otras tareas, como la rehabilitación del observatorio de aves y la recuperación del humedal, como la referencia de vida silvestre que merece. La recuperación del Picón de los Conejos es una condición para que Velilla vuelva a ser una referencia entre los aficionados a la ornitología.

El Soto

Laguna el Soto

Para comprender los procesos de eutrofización que soportan estos humedales nada mejor que comprobar el color de las lagunas del Soto, situadas junto a las vaquerías del Soto del Grillo. Es evidente el exceso de materia orgánica, muy especialmente en la situada al Este.

Esta laguna (en realidad dos separadas por una línea de tierra) se localiza al Norte, en el límite con Mejorada del Norte. Es con seguridad el humedal con mayor concentración de nutrientes en sus aguas. Para cualquier observador desde los cercanos cantiles de Rivas es evidente que algo ocurre. El color delata una concentración peligrosa de materia orgánica.

Las lagunas tienen una superficie de unas 10 Has. y una profundidad de unos 3-5 m. Este humedal es “Zona B – de Reserva Natural“, el segundo nivel de protección en la legislación del Parque Regional del Sureste, y forma parte de los humedales protegidos por la Comunidad de Madrid (Catálogo Regional de Zonas Húmedas Protegidas). La gravera Pioneer utilizó estos huecos los últimos años para verter los limos procedentes del lavado de áridos, y es muy probable que estas tierras, tratadas durante décadas con fertilizantes, hayan contribuido a incrementar los efectos de las cercanas vaquerías. El resultado: una concentración elevada de materia orgánica, un desarrollo excesivo de algas y una pérdida notable de vida silvestre.

Esta laguna, junto con el Picón de los Conejos, El Raso, y otras lagunas menores, forman parte de una importante red de humedales que requieren soluciones con un tratamiento conjunto e integral, en primer lugar la renovación del agua para paliar el exceso de algas actual.

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Mortandad de peces en Miralrío. Agosto de 2012.

Miralrío

Las lagunas de Miralrío se sitúan al Sur del casco urbano, junto a la carretera M-208, son dos lagunas separadas del Jarama por una mota de tierra. En la zonificación del Parque del Sureste están clasificadas como “Zonas E: Con destino Agrario, Forestal, Recreativo, Educacional y/o Equipamientos Ambientales y/o Usos Especiales“. También están protegidas por formar parte de los humedales del Catálogo Regional de Zonas Húmedas Protegidas de la Comunidad de Madrid.

Las lagunas ocupan una superficie de unas 10 Has y una profundidad escasa, de unos 2-4 m. Las riberas tienen un importante carrizal que ha albergado a numerosos especies, desde el aguilucho lagunero hasta el carricero común, pasando por un importante dormidero de garcilla bueyera. Pero la calidad de sus aguas deja mucho que desear desde hace ya años. La escasa profundidad y la notable vegetación que todos los años acaba por depositarse en el fondo está acelerando el proceso. En la actualidad tan sólo algunos cormoranes visitan con alguna persistencia estas láminas de agua. Una restauración de las condiciones de calidad requeriría de un plan técnico que debe abordarse por la Comunidad de Madrid.

Lagunas Velilla


Iniciativas institucionales presentadas a través de la concejala Alicia Martínez:

Recuperación del quiosco de la laguna El Raso
Recuperación del servicio de vigilancia ambiental, en los humedales a cargo de la policía local
Señalización sobre usos y prohibiciones, y contenedores de basura
Sellado del colector que contamina la laguna de El Raso
Propuesta de renovación de las láminas de agua para frenar los procesos de eutrofización


Plan de Acción Medioambiental (Agenda 21 del Ayuntamiento de Velilla de San Antonio).
Noticia sobre vertidos a la laguna del Raso enero 2016

Noticia en el diario El País sobre la ausencia de aves acuáticas en las lagunas de Velilla
El pleno del Ayuntamiento de Velilla rechaza intervenir sobre los vertidos a la laguna del Raso, enero de 2016
Noticia sobre mortandad de peces (octubre 2009)
Noticia en el diario El Mundo sobre mortandad de peces (septiembre 2006)