. El vandalismo es una amenaza para la convivencia en Velilla

El vandalismo es una amenaza para la convivencia en Velilla

Cualquier persona que visita nuestra localidad recibe un efecto demoledor sobre la calidad de nuestra convivencia. Contenedores quemados, pintadas, heces de perros por las aceras, motos con el tubo de escape tuneado… Si se da un paseo por las lagunas puede darse de bruces con los restos del último botellón, o con el enésimo vertido a la laguna del Raso, o con furtivos que “pasean” al perro, etc. Si además se informa de antecedentes le pueden explicar lo que es el destrozo permanente de las marquesinas o la destrucción de cualquier infraestructura ambiental o recreativa que se encuentre más allá de la última calle de la localidad.

La persona que nos visita procede de una localidad en la que seguramente también hay grafitis, suciedad, o se destruye mobiliario urbano. Piensa incluso que cierto nivel de gamberrismo es inevitable, o que es un fenómeno generalizado en esta civilización dominada por el egoísmo y la ausencia de valores colectivos. Pero no deja de escandalizarse por lo que llega a conocer que ocurre en Velilla de San Antonio, no entiende que esta intensidad y generalización de los actos vandálicos esté sucediendo desde hace años. Es evidente que algo grave ocurre en Velilla de San Antonio, especialmente que nos hayamos acostumbrado a ver suciedad, ruina y degradación, como parte de nuestro paisaje local.

El coste económico para las arcas públicas es grave por que hay que reponer los elementos destruidos, otras veces perdemos oportunidades para nuestra calidad de vida, y siempre se rompe un poco más las relaciones de convivencia que trenzan nuestra comunidad local. Lo que no saben muchos ciudadanos es que algunas administraciones renuncian a invertir en nuestra localidad a la vista del poco aprovechamiento de la inversión. En Velilla tenemos ejemplos de esto último.

Reparar los daños sale de nuestros bolsillos

Aunque hay daños a las propiedades privadas, la mayoría de las infraestructuras dañadas son públicas, y será con dinero público, de todos, de donde saldrá la financiación que repare el daño (cuando eso sucede). No es un asunto menor, basta saber que un simple contenedor de residuos orgánicos puede tener un precio cercano a los 1.000 euros.

Hay quienes piensan que no les afecta cuando una marquesina queda arrasada y creen que nada tienen que ver con el Consorcio Regional de Transporte que tendrá que reponer los paneles de cristal, o incluso que nada tiene que ver su “bolsillo” con que la empresa contratada para retirar las basuras de los contenedores tenga que reponer los quemados. Todo se sufraga con nuestro dinero, a través de los presupuestos que que se alimentan de nuestros impuestos (al tomar por ejemplo una sencilla cerveza), o incrementando los precios en los contratos que firma las empresa de residuos con el Ayuntamiento. El vandalismo nos sale siempre caro …a  todos.

El oportunismo político siempre al acecho

A veces causa sonrojo comprobar cómo se utiliza políticamente este fenómeno del vandalismo, exigiendo por ejemplo al Ayuntamiento que intervenga en limpiar lagunas, precisamente algunos de los que habitualmente participaban no hace mucho en prácticas de botellón en esas lagunas. O pretendiendo que en este escenario se puedan abordar proyectos de convertir la laguna municipal en un paisaje de barquitas y veleros (suponiendo que fuera legal y económicamente sostenible), aun sabiendo que en la actual situación semejantes infraestructuras están condenadas a su destrucción inmediata. Ningún sueño (o pesadilla) de esta naturaleza, será posible si no atajamos antes esta lacra del incivismo. Lo saben bien quienes promueven estas demagógicas campañas, destinadas únicamente ha exhibir la pose del buen-político-que-piensa-en-sus-vecinos.

No es sencillo atajar el problema. Lo único fácil es seguir mirando para otro lado.

Atajar esta lacra social no es una tarea sencilla, ni es algo que sólo se pueda hacer desde la simple represión de los enfermos sociales que practican estos comportamientos. Estamos ante un problema cultural que requiere cambios que sólo aparecerán a medio y largo plazo, y tienen mucho que ver con los valores en los que se forman nuestros jóvenes o en la insolidaridad de algunos adultos.

Hay que trabajar en la escuela y en el instituto, estimulando estos valores democráticos desde las instituciones públicas, con campañas, con actos que expliquen por ejemplo lo que cuesta un contenedor, o una marquesina, o de donde sale el dinero con el que se repondrá todo eso. Hay que transmitir valores de tolerancia, respeto, solidaridad y responsabilidad, enseñar el valor de “lo público”. Hay que facilitar actividades a los jóvenes que colaboren a ocupar su tiempo de ocio (más instalaciones deportivas abiertas como la del Parque del Agua, por ejemplo). El Ayuntamiento tiene que intervenir y comprender que cualquier inversión económica en estos planes y campañas (siempre sostenidas en el tiempo) es siempre un ahorro para el futuro. El trabajo sostenido en el ámbito escolar será crucial si se quieren resultados. Para que las cosas empiecen a cambiar hay que trabajar a largo plazo, fomentando el civismo y el valor de lo “público” en la familia, en la escuela y desde los poderes públicos.

Aunque las medidas disciplinarias no son nunca útiles por sí solas, es también cierto que tampoco podemos esperar años a que estas personas comprendan que cada acto de destrucción es un nuevo agujero en su bolsillo, o que estos actos son una agresión inaceptable a la convivencia. Es preciso una intervención inmediata y constante desde las instituciones públicas, especialmente desde el Ayuntamiento y desde el Consejo Local de Seguridad, con iniciativas concretas y con una planificación anual de las medidas a adoptar y la evaluación de su eficacia. La política ideal tendría que ir en doble línea, primero prevención para educar y formar, luego, control cuando surgen los problemas y después vuelta a la prevención. No hay medidas milagrosas, pero algunas de estas podrían colaborar, son económicas, tan sólo requieren de voluntad política:

  • Etiquetas con el precio del mobiliario urbano.
  • Policía municipal ejerciendo sus funciones en todo el término municipal y no sólo en el casco urbano.
  • Sustituir multas económicas (por actos incívicos) por trabajos sociales o comunitarios, o prohibición de salir del domicilio a partir de determinadas horas.
  • Responsabilidades subsidiarias para progenitores y tutores.
  • Aunque ya hay instrumentos jurídicos, quizás sea conveniente una ordenanza municipal de convivencia, que aborde claramente la prevención y la intervención frente a cada uno de los casos de incivismo en los espacios públicos (destrucción de bienes, ruidos, defecaciones de canes, abandono de residuos, etc.).
  • Publicar periódicamente los costes de la destrucción del mobiliario urbano.
  • Dar publicidad de los casos de condena o detención, con la salvedad de los datos protegidos.

Algunos casos:

Centro de educación ambiental de Miralrío (2007).

Aula naturaleza Miralrio

Se trataba de una instalación que el Ayuntamiento de Velilla de San Antonio inauguró junto a las ruinas de la antigua gravera de Miralrío. Las instalaciones se construyeron con ayuda de la Comunidad de Madrid muy pocas semanas antes de que acabaran destruidas mediante el lanzamiento de grandes piedras por el techado. La destrucción fue tan completa que las administraciones renunciaron a reconstruir unas instalaciones que estaban destinadas a impartir cursos, exposiciones, y otras actividades de divulgación. En la fotografía, retirada de los últimos restos de las instalaciones.

Observatorio de aves Miralrío (2009).

observatorio de aves Miralrío - Velilla de San AntonioSe construyó en 2009, formaba parte de un proyecto de rehabilitación del entorno del humedal de Miralrío y de la senda verde del antiguo trazado del “tren de la azucarera”.
El observatorio de aves se situaba a escasa distancia de las ruinas de la antigua gravera. El incendio intencionado se produjo por la noche. La instalación no llegó a ser utilizada al quedar destruida a los tres días de finalizar su construcción. Existe otro observatorio de aves, en el humedal del Picón de los Conejos en estado ruinoso y utilizado como destino de practicantes de botellón y refugio de pescadores furtivos.

Marquesinas.

La rotura de los paneles de cristal de las marquesinas ha sido un fenómeno habitual durante los muchos años. No sólo los paneles, también las pantallas de información que existen en algunas de estas instalaciones del Consorcio Regional de Transportes (ver noticia pulsando aquí).

Contenedores de residuos urbanos.

contenedor quemado2La quema de contenedores de pepel ha sido tan acusada y habitual que es difícil encontrar en Velilla un contenedor de papel reciclado que no tenga incorporada la huella del fuego. También ha sucedido con los contenedores de residuos orgánicos, como se puede comprobar en la fotografía tomada junto al Auditorio. En todos los casos se trata de infraestructuras costosas que tarde o temprano acaban reponiéndose con cargo a fondos públicos. Para ver algunos ejemplos recientes pulsar aquí.

Reproducción de apeaderos del “tren de la azucarera”.

A finales de 2009 la Dirección del Parque Regional del Sureste (dentro de un plan sugerido por la Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”) llevó a cabo, entre otras instalaciones, la construcción a escala de dos apeaderos para recuperar la memoria del antiguo “tren de la azucarera”, que circulaba por la actual senda verde que parte de la depuradora hasta el pinar. A los pocos días de acabar la construcción ya estaban destruidas las tejas, incluso agujeros en las paredes de obra. La destrucción fue tan rápida y definitiva que el director del Parque del Sureste renunció a instalar los paneles informativos, que estaban previstos, sobre la historia de este medio de locomoción que circuló por la vega del Jarama hasta los años 70.

Destrucción del entorno natural de las lagunas.

foto-vertido-el-raso-2-10-2013Las lagunas de Raso y Picón de los Conejos son espacios muy visitados por personas ajenas a nuestra localidad. La impresión que suelen tener de nuestra localidad y sus gentes se relaciona con el espectáculo que observan. La ausencia casi absoluta de vigilancia en este entorno, y su cercanía al casco urbano, facilita toda clase de agresiones al entorno: destrucción de barandillas, quema de plantas, restos de botellón casi todos los fines de semana en verano, vertidos a la laguna, y un largo etcétera que acabará por causar daños definitivos si se acaba declarando algún gran incendio o perdura el actual estado de abandono.

Rocódromo del Parque de Agua.

El 9 de diciembre de 2014 se declaró un incendio, al parecer provocado, en las instalaciones del rocódromo del Parque del Agua. El fuego acabó con la destrucción completa de esta instalación que era utilizada por numerosos jóvenes de nuestra localidad para iniciarse en la escalada o simplemente para practicar ejercicio físico. Una infraestructura pública menos.

Estos son tan solo algunos ejemplos de lo que cualquiera puede comprobar habitualmente.


Si eres testigo de algún acto vandálico debes llamar a la policía local, indicando claramente que sucede y en que lugar.
91.670.53.01 | 610.966.117 | 112


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