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El Jarama. Ese río que queremos que nos devuelvan

Este mes de marzo se conmemora en todo el mundo la defensa de los Ríos. Hoy miércoles 22 es oficialmente el Día del Agua. Cada año miles de personas en todo el mundo levantan sus voces para celebrar los ríos y los que luchan por protegerlos. El Día Internacional de Acción por los Ríos se celebran las victorias, como la eliminación de presas y la restauración de tramos fluviales. Es un día para educar a otros acerca de las amenazas que enfrentan nuestros cauces, aprender acerca de las mejores soluciones de agua y energía, o recordar que los ríos forman parte del patrimonio público. En Velilla vivimos de espalda al río Jarama desde hace muchos años, es una situación injusta porque en cierto modo representa también que nos han robado este patrimonio natural que es de todos.

Hace poco más de cuarenta años a las riberas del Jarama acudían miles de personas, familias de trabajadores que visitaban las riberas del Jarama para pasar un día de ocio en cualquiera de las decenas de chiringuitos que se localizaban en las orillas, especialmente entre Paracuellos y Arganda. Sánchez Ferlosio retrató este fenómeno en su célebre novela “El Jarama”, ambientada en la presa de San Fernando de Henares. Eran tiempos preindustriales, en los que el río todavía circulaba de manera natural, con crecidas que lo saneaban todos los años, sin las regulaciones que lo domesticarán después hasta convertirlo en el canal actual. El cauce estaba pletórico de vida silvestre, las aguas transparentes hacían de piscinas para miles de madrileños que llenaban los trenes hasta la estación de San Fernando, o se acercaban hasta Paracuellos o Arganda. El Jarama era el descubrimiento de los valores naturales para los urbanitas madrileños de entonces.

En este plano, de la CHT, se confirma que la Administración de cuenca abandona a su suerte a los ríos de nuestra Comunidad.

Pero llegó la industrialización sin control y todo desapareció en poco tiempo. Fábricas, como Mahou (en el Puente de Algete) o Pegaso, acabaron en poco tiempo (uno o dos años, a comienzos de los años 70) con toda vida acuática y la contaminación acabó por ahuyentar a las personas que se acercaban al río. Hasta hoy. Tras décadas de malos olores y de generaciones que han vivido a espaldas de su vecino río, la situación no ha cambiado en exceso. Es verdad que ya no huele tanto, pero las administraciones siguen ignorando los valores naturales del río, sus obligaciones de conservarlo y recuperarlo. Hoy el Jarama es un “recurso” que se utiliza para sostener negocios y necesidades, poco sostenibles demasiadas veces.

La Confederación Hidrográfica del Tajo, encargada de su conservación, hace tiempo que cedió la gestión de sus caudales y la calidad de sus aguas al Canal de Isabel II, una empresa semipública, que sólo parece interesada por la cuenta de resultados, lo que conlleva retener “el recurso” en las presas de cabecera o promover la ficción de la depuración de todas redes de saneamiento, una formalidad que esconde graves deficiencias en la calidad del tratamiento que se hace en las EDAR. El Jarama a su paso por Velilla de San Antonio no es hoy más que la suma de los vertidos de las redes de saneamiento, a veces sin ningún tratamiento, procedentes incluso de polígonos industriales ilegales como los de Paracuellos o el del Puente de Mejorada del Campo. La Administración Regional, de la que depende el Canal de Isabel II, incumple desde hace años la Directiva de Aguas, además de una ámplia legislación nacional y regional. La víctima no es sólo el río, también las personas que vivimos en la ribera.

Hoy el río Jarama es un ejemplo de como las administraciones se han convertido en la peor amenaza. Lejos de cumplir con su obligación de garantizar su conservación, lo saquean de su recurso principal para mayor gloria de los gestores de campos de golf o el urbanismo insostenible, incumpliendo las leyes más elementales. En la fotografía el río sin agua a la altura de Torremocha del Jarama, como consecuencia del cierre de la presa del Vado que gestiona el Canal de Isabel II.

El Jarama ha quedado reducido a un canal casi sin corriente, sin crecidas. Cada vez hay que mirar más abajo para encontrar el agua, desaparecieron los canales de inundación, el transporte de materiales (responsable de la fertilidad de la vega), y sobre todo desapareció la calidad en el agua. Esta combinación de factores ha ocasionado que, por un lado, los vecinos observen el río como una oportunidad perdida, y que la vida acuática se haya alterado hasta el punto de que, por ejemplo, los antiguos peces casi han desparecido (bogas, barbos…) y en su lugar hoy colonizan sus aguas especies de aguas paradas, exóticas e invasoras (peces gato, perca soles, carpas…). De bañarse en sus aguas ni hablamos.

La contaminación de las aguas que bajan por el cauce es todavía muy importante a pesar de que el expolio económico de este país ha reducido los vertidos y la actividad industrial. Pero el río languidece en medio de la indiferencia de las administraciones que deberían protegerlo y la resignación de no pocos ciudadanos que creen que la naturaleza conservada es cosa del pasado. Nos han hecho creer que este es uno de los precios que hay que pagar por el “progreso” que, como ahora sabemos, consiste en las oportunidades de unos pocos para acumular riqueza a costa del patrimonio que es de todos, entre ellos el agua y los ríos. Ni siquiera los Ayuntamientos comprenden el valor y la calidad de vida añadida que aportaría un río recuperado.

RENDIRSE NO ES UNA OPCIÓN

Contaminación en la presa del Rey, en Rivas Vaciamadrid junto a la desembocadura del Manzanares. De este punto parte el Canal Real del Jarama, y sus aguas se emplean para regar las hortalizas de la mayor vega agrícola de la Comunidad de Madrid y parte de Toledo. El problema del Jarama es también sanitario, y es grave.

Es verdad que nos han robado un patrimonio que es de todos, entregado hoy a un modelo de crecimiento insostenible y a unas prioridades entre las que no están la conservación de los tramos fluviales. Recuperar los ríos es una obligación de los poderes públicos. No estamos hablando de volver a los años 60, pero entre aquél esplendor natural y la mediocridad y el abandono actual hay mucho terreno que conquistar en el campo de los derechos y el cumplimiento de las leyes que llevan años y años aprobadas, pero que no se cumplen.

Para que esta tendencia cambie es preciso que otras prioridades estén presentes en los gobiernos y que los cargos públicos gestionen los recursos que los ciudadanos ponemos en sus manos a través de los impuestos, pensando primero en el bien común o la conservación. Para Velilla de San Antonio sería un cambio importante poder reconocernos en el río Jarama (con otros caudales, calidad del agua…), pero eso es difícil cuando ni siquiera las administraciones públicas son capaces de resolver el grave problema de la eutrofización de las lagunas principales de Velilla (sólo hay que ver el color marrón que tienen en la actualidad y la nula vida silvestre que hay en su interior), una renovación del agua sencilla y económica …pero falta lo principal: voluntad.

Creación de las lagunas del Picón y El Raso. Estos movimientos de tierras, ilegales, junto al Jarama, tuvieron como consecuencia una sanción de 1 millón de las antiguas pesetas para Pioneer Concrete, la gravera que actuaba en la zona en 1996.

Al igual que los grupos ecologistas llevan décadas exigiendo la recuperación del Jarama, los vecinos y vecinas tienen también la oportunidad de apostar por un entorno respetado, y en Velilla ese entorno se llama Jarama y sus lagunas. Hay que seguir trabajando porque el patrimonio fluvial forma parte de los bienes públicos que nos han arrebatado y por los que merece la pena pelear.

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UN VIEJO PROYECTO DE OCIO

El aprovechamiento recreativo de las riberas del Jarama, tan próximas a la capital, tan pobladas entonces de arbolado, hicieron concebir a los políticos de la República (1933) la posibilidad de establecer unos baños populares, conocidos como “Las Playas del Jarama”. Un intento de crear lugares de esparcimiento para el descanso de los trabajadores.

Esta era una imagen habitual de cualquier domingo en el Jarama, en los años 60. Playas y pozas ocupadas por bañistas y chiringuitos por las riberas. Lugares de encuentro y de ocio para muchos madrileños. Entonces el Jarama era un lugar vivo y valorado.

En ese año, el llamado grupo Centro del GATEPAC presentó a Indalecio prieto un proyecto que comprendía piscinas, baños y zonas deportivas en las márgenes del río Jarama (al estilo del “Parque Sindical” contemporáneo). El proyecto estudiaba tres zonas diferentes: la primera aguas arriba del Puente de Paracuellos, la segunda entre San Fernando y la estación del ferrocarril actual, y la tercera en las proximidades de la estación de ferrocarril de La Poveda, en Arganda del Rey. El ambicioso proyecto incluía playas, hoteles, restaurantes, club de remo, natación; y la margen opuesta se reservaba a viviendas económicas, en alquiler y de reducida superficie.

Las ideas del GATEPAC quedaron interrumpidas con la crisis de 1934 y la destitución del Ministro de Obras Públicas. Los planos y proyectos se retomaron en el llamado Plan Regional del 39 (que nunca se pudo iniciar). A pesar de todo San Fernando y la zona de Paracuellos fueron durante mucho tiempo un lugar de atracción para excursionistas y aficionados a la pesca, al campo o la natación. Sólo la contaminación del río puso fin al desplazamiento masivo de cada fin de semana. Los dibujos que aparecen abajo corresponden a algunos de esos proyectos.


Más información:

Las presiones que soporta el Jarama (más de 800 alteraciones registradas)
Noticia en el diario El País (26-3-2017)
El Parque Regional del Sureste