.

Las fiestas locales de Velilla necesitan cambios urgentes

Han acabado las fiestas y muchos vecinos respiran aliviados, algunos incluso han vuelto a ocupar sus viviendas tras ausentarse durante el fin de semana. Son días de inevitables ruidos y aglomeraciones. Nada nuevo, las fiestas vienen inevitablemente acompañadas de molestias, además de diversión. Sin embargo muchos vecinos opinan que los eventos y concentraciones no pueden seguir aplicándose en los mismos escenarios que hace diez o quince años, cuando nuestra localidad tenía muchos menos habitantes y visitantes. Algo habrá que hacer, y no sólo lamentarnos o usar las fiestas también para la lucha política.

Estas fiestas han puesto de manifiesto varias cosas. Que la plaza se nos ha quedado pequeña para carpa, mostradores, terrazas y un número ingente de personas. No se trata sólo de molestias para los vecinos y vecinas que viven en la plaza, hay problemas de movilidad en algunos momentos y seguramente dificultades para que pueda acceder un vehículo de emergencias si fuese requerido.

fiesta2También se ha quedado pequeño el ferial. Cada año se ha ido incrementando el número de atracciones o su tamaño, hasta el punto de que tan sólo queda una estrecha calle central para las numerosas familias que visitan este recinto. Casi todas las atracciones cuentan con potentes equipos de sonido y compiten entre si utilizando como reclamo la potencia acústica. El resultado es una estridencia innecesaria, que impide mantener cualquier conversación y que supone una agresión para los menores que acuden al ferial. Otros ayuntamientos hace tiempo que han impuesto una única melodía en el recinto y un tope acústico.

Velilla ha crecido en población, pero sigue utilizando los mismos escenarios para una gran parte de la oferta lúdica. Hay que garantizar la seguridad y la comodidad de las personas durante las fiestas locales. Este es un debate abierto que tarde o temprano tendrá que concluir acondicionando nuevos espacios, con mayor capacidad y con garantías de seguridad. Puede ser en el recinto donde se pone actualmente la plaza de toros, puede ser en la zona urbanizada del Sector XXIII, el Velilla Arena, etc. Algo hay que hacer, así no se puede seguir.

Divertirse es una emoción que no está reñida con la seguridad, y tampoco con una elemental educación. Las fiestas en Velilla (y en otras localidades) parecen una excusa para dar rienda suelta a un comportamiento extremadamente incívico, por parte de algunas personas que creen que en esos momentos no hay que respetar a los demás. Y no es sólo un problema del número de urinarios portátiles. Algo habrá que hacer también para evitar trasladar a los visitantes una imagen equivocada de nuestra localidad y de quienes vivimos aquí todo el año. Las fiestas tienen un debate pendiente entre quienes tienen la responsabilidad de su organización.