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Mutilar árboles no es podar

La imagen de los árboles de la piscina municipal, convertidos en fúnebres “perchas” es el resultado de una intervención innecesaria y muy perjudicial para la salud y la supervivencia de los árboles. Con independencia de la mala planificación de las plantas elegidas para la jardinería urbana (sólo hay que ver los alcorques levantados por las calles de Velilla), esta clase de podas suele tener como consecuencia más relevante que el árbol se debilite a través de los virus y hongos que acaban penetrando por esas grandes heridas y que, tarde o temprano, un viento tirará ramas o lo derribará definitivamente. Las mutilaciones de los árboles son siempre un mal negocio para la ciudad y para las plantas.

Según algunos expertos hay una leyenda que dice que los árboles se mueren si no se podan, hay quien cree que podándolos recobran un vigor perdido. Sin embargo lo que también indican los expertos es que los árboles no necesitan podas para mantener el vigor que corresponde a la especie y las condiciones donde se ha plantado. Las nuevas ramas que brotan con fuerza tras una poda salvaje no es más que una defensa del árbol, un intento de producir ramas a toda prisa ante la mutilación que ha sufrido. Los árboles no necesitan podas para su desarrollo, llevan millones de años de adaptación y aprendizaje de supervivencia.

poda piscina

La anterior arboleda de la piscina ha quedado reducida a estos muñones. Entre la frondosidad anterior y esta mutilación había muchas variantes de intervención. Es lamentable que la economía de esfuerzos haya desembocado en este espectáculo y en el riesgo evidente de que muchos de estos árboles acaben por dar más problemas, o desaparecer innecesariamente.

Sólo en casos muy excepcionales estaría justificada esta clase de intervenciones. Esas excepciones están recogidas en la legislación autonómica. La Ley 8/2005, de 26 de diciembre, de Protección y Fomento del Arbolado Urbano de la Comunidad de Madrid prohíbe esta clase de podas.

Artículo 3 Prohibición de podas drásticas e indiscriminadas
1. Queda prohibida la poda drástica, indiscriminada y extemporánea de todo árbol protegido por esta Ley.
2. Constituirán excepción a la norma anterior aquellos casos en los que la copa de los árboles disminuya notablemente la luminosidad interior de las viviendas, no guarde las distancias a tendidos eléctricos o telefónicos previstas en la normativa vigente, dificulte o impida la visibilidad de semáforos y, en todo caso, cuando exista algún peligro para la seguridad vial o peatonal.

En el caso de la arboleda de la piscina municipal ni siquiera está clara la excepcionalidad prevista en el apartado 2. Si se trataba de facilitar luz a las viviendas de la calle Alamillos había muchas formas de intervenir esponjando la densidad de ramas, si se trataba de retirar ramas secas que podían suponer un riesgo para la seguridad hubiera bastado con retirarlas selectivamente. El Ayuntamiento ha optado por la peor solución: acabar con todas las ramas. La única razón que explica esta clase de podas es la economía de esfuerzos. Se tarda menos en dejar sin ramas un árbol que hacer una poda selectiva de sus ramas muertas o aquellas que supongan algún riesgo. Todavía algunas administraciones no suelen entretenerse en esta clase de intervenciones, a la primera señal de que han caído algunas ramas, o a la primera queja vecinal, se presenta el correspondiente equipo de trabajadores y en pocas horas o días dejan una arboleda convertida en el lamentable espectáculo que vemos ahora en la piscina municipal. Y no es el único sitio, otros lugares de Velilla (como la calle Jarama, por ejemplo) están soportando en sus árboles intervenciones parecidas. Un error lamentable.

En nuestra opinión el Ayuntamiento está mal asesorado en esta clase de intervenciones. Además de planificar mejor el arbolado urbano (especies, distancias, etc.) debería cambiar los protocolos de poda, muchos ayuntamientos ya lo hacen. Han comprendido que los árboles son seres vivos que aportan muchas ventajas a las ciudades y sus habitantes, y que merecen la pena conservarlos y cuidarlos.


Más información:

Noticia sobre los problemas de mutilar árboles
Ley 8/2005, de Protección y Fomento del Arbolado Urbano de la Comunidad de Madrid